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Full text of "Recursos para la Escuela Sabatica (2do. Trimestre 2008)"

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Iglesia Joven de la Univ. Adventista de San Pablo 

COMENTARIO DE LA LECCIÓN 



Lección 8 

(17 al 24 de Mayo de 2008) 

La intensidad de su caminar 



Denis Konrado Fehlauer 



Luego que Jesús desapareciera en Jerusalén durante la fiesta de la Pascua, María lo 
encuentra en un animando diálogo con los teólogos más destacados. "Tres días des- 
pués lo hallaron en el templo, sentado en medio de los maestros, oyéndolos y pre- 
guntándoles. Y todos los que lo oían, se pasmaban de su entendimiento y sus res- 
puestas" (Lucas 2:46, 47). A los doce años, Jesús tenía un conocimiento tan estrecho 
del Antiguo Testamento como para causar admiración entre los maestros de Israel. 
Ciertamente, sus preguntas fueron fascinantes por su carácter investigativo. Por otro 
lado, sus respuestas demostraban un acabado conocimiento del texto, significado y 
aplicación de las Escrituras a la realidad de ellos. 

El "secreto" de la sabiduría de Cristo estaba en su infancia. Una de las citas más 
presionantes del Espíritu de Profecía al respecto la encontramos en El Deseado de to- 
das las gentes: "El niño Jesús no recibió instrucción en las escuelas de las sinagogas 
Su madre fue su primera maestra humana. De labios de ella y de los rollos de los pro- 
fetas, aprendió las cosas celestiales. Las mismas palabras que él había hablado a 
rael por medio de Moisés, le fueron enseñadas sobre las rodillas de su madre. Y al pa- 
sar de la niñez a la adolescencia, no frecuentó las escuelas de los rabinos. No necesi- 
taba la instrucción que podía obtenerse de tales fuentes, porque Dios era su instructor' 
[El Deseado de todas las gentes, p. 50]. 

Su precoz interés en las Escrituras fueron determinantes para las victorias que logró a 
lo largo del curso de su vida. Fue con la Palabra que Cristo derrotó al diablo. El enemi- 
go la utilizó con habilidad, pero para engañar. Torció la Palabra de Dios y citó pasajes 
fuera de su contexto. Pero Jesús sabía cómo manejar la Biblia. El Libro sagrado se in- 
terpretaba a sí mismo. Si queremos andar como Él anduvo, necesitamos una firme re- 
lación con las Escrituras. Si el Hijo de Dios dependió de la Palabra mientras vivió en el 
ropaje humano, ¿qué nos lleva a pensar que podemos descuidar esa misma práctica? 

Jesús también tenía el hábito de orar. Para algunas personas, la Biblia es una especie 
de amuleto. Andan con ella por allí y la dejan abierta en un estante a fin de espantar 
algún demonio o cosa parecida, pero no se toman tiempo para conocer su mensaje. 
De igual manera, hay personas que hacen de Dios una especie de cajero electrónico. 
Cuando surge alguna necesidad, amenaza, o decisión importante que haya que tomar, 
allí recién entra en escena la oración. Pero Dios es un Ser personal. Es decir que pien- 
sa, ama y se comunica con sus hijos. Sería bueno que lo tratáramos como tal. Eso im- 
plica compartir con Él nuestras alegrías y tristezas, pasar tiempo contándole cómo ha 



sido nuestro día, y cómo nos gustaría que fuera el próximo. Hablar con él de nuestras 
seguridades, dudas y cuestionamientos, incluso objeciones. Únicamente después de 
que hayamos hecho esto de manera constante e intensa podremos hacer una evalua- 
ción seria con respecto a la oración. Mientras nuestros ruegos continúen siendo una 
especie de salvavidas al que nos aferramos cuando las cosas se ponen difíciles, la 
mejor impresión que tendremos de la oración es que es algo que no tiene demasiada 
gracia o que no funciona. 

En la vida de Jesucristo, el estudio de la Biblia y la práctica de la oración fueron acom- 
pañadas del cumplimiento de su misión. Pero Jesús, más que todas las demás perso- 
nas, evidenció un sentido de urgencia. Tal vez, porque sabía que su vida sería dema- 
siado corta, haya trabajado tan intensamente. La perspectiva que tuvo de que sus es- 
fuerzos resultarían determinantes para la eternidad y el universo mismo, hicieron de Él 
un obrero que superó a todos. La verdad es que todo parece muy pequeño cuando es 
comparado con la eternidad. Pero como nuestra visión es estrecha, nos aferramos a lo 
cotidiano y lo terrenal y dejamos para después lo que podría prepararnos para el cielo. 
Para quien realmente cree que Jesús va a regresar eso constituye, como mínimo, en 
una actitud errónea. Andar como Él anduvo, en contacto con la Biblia, orando y traba- 
jando, es el estilo de vida que lleva quien tiene certeza del lugar adonde se dirige. 

Y recuerda: Si tus acciones demuestran que no estás sabiendo a dónde te diriges, 
cualquier lugares posible. ¡Incluso el lago de fuego! 

Denis Konrado Fehlauer 

Pastoral Universitaria 

Universidad Adv. de San Pablo 



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